Cofradía de la Tercera Orden

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La Almunia de Doña Godina

ensayos2015Cofradías y Cofrades. Ensayos. Hace ya días que comenzaron en distintos rincones de nuestros pueblos y ciudades. Explanadas abiertas al duro viento de las frías tardes-noches de invierno. No importa el frío, ni el viento, ni la noche. Ensayos que en estos próximos días tendrán su punto final y atronarán pueblos y ciudades de nuestra tierra.

Dicen, que la primera lección, que debemos aprender para saber tocar el tambor, es muy sencilla,… pero profunda: vas a pasar frío, pero recibirás el calor de un grupo de amigos que te acompañarán esta noche en los ensayos y el resto de los días caminando por la vida. Caminos, que poco a poco, se llenarán de amigos que llamarás hermanos y hacen que la vida, en su discurrir diario, se llene de cofradía.

La segunda lección es un poquito más difícil. En realidad creo que no se puede explicar, que para aprenderla hay que vivirla. Es necesario estar en una noche fría y cerrada, en las afueras de nuestro pueblo, casi en medio del campo, con el tambor y la bufanda puesta, sentir el frío en las manos y los palos negándose a seguir el redoble del grupo. Notar, poco a poco, bajo los pies, como se hace más duro el suelo y las piedras se van clavando, cada vez, más puntiagudas.

En ese momento; cuando hay que apretar los dientes por el frío, se levantan los ojos y se pierde la vista entre las estrellas. Entonces, en lo alto, ves tres pequeñas estrellas en línea recta: las tres Marías. Sigues buscando más estrellas, como un sencillo recurso para tocar sin pensar en el tambor ni en el frío. Lentamente comienzas a buscar entre las estrellas la cara de Cristo o de la Virgen que, dentro de unos días, en una noche de Semana Santa, seguirás por las calles con el tambor y más cofrades a los que llamas tus hermanos.

Únicamente, cuando llegas a aprender que hay que levantar los ojos al cielo buscando la cara de Cristo, entiendes por qué estas dispuesto a pasar frío. En ese momento sientes que todos los hermanos te acompañan andando por el mismo camino, sobre las mismas piedras, bajo el mismo cielo, detrás del Paso.
El tambor deja de ser “ruido”, se hace llamada, pero sobre todo se hace oración silenciosa de un grupo de hermanos al Cristo del Amor, al Cristo Crucificado, al Cristo que yace.

¡Que gran paradoja! De un tambor se puede sacar una oración silenciosa. Pero de eso se trata. De una oración sin palabras, únicamente con nuestros sentimientos, hecha con el corazón. Una oración en grupo, en comunidad cristiana, rítmicamente repetida, con todos los ojos vueltos hacia un mismo punto.

Por un momento pensad en una de las varias procesiones que visteis el año pasado. Quedémonos con el momento de salir el Paso o, mejor aún, cuando de regreso entra en la Iglesia. Recordad, todo el grupo de tambores formado y tú enfrente, viéndolo todo, rodeado de un público apretado. Comenzó la marcha. El sonido aumentó poco a poco y el Paso avanzaba lentamente, por el pasillo que le dejaban en el centro de la plaza, hacia la puerta de la Iglesia. ¡Fíjate en los que tocaban! Lo hacían con todas sus fuerzas, con todo su corazón, todos juntos. Pero, también, recuerda como capirotes y terceroles se iban girando a la par, según avanzaba “su Paso”. Es a Él a quién dirigían su toque. Ponían todas sus fuerzas, sus sentimientos y sus esperanzas en la vida. ¡Era su oración final de la procesión!.

El tambor hay que tocarlo con el corazón, rodeado de amigos y hermanos cofrades, mirando de frente tu Paso y escuchando como se pierde el toque en medio de las estrellas. Lo demás, redobles, baqueteos, tresillos, trompetas, cornetas y cornetines,…. no importan!. Lo verdaderamente importante es el sentimiento que sale del corazón de cada uno.

Parece sencillo, pero es difícil de explicar y aún cuesta más de entender. Son palabras que se escuchan con agrado, como viejas historias del abuelo, pero cuesta tiempo que calen, que se entiendan. Incluso en ocasiones pienso que cuesta menos aprender a redoblar que, algo tan sencillo como que tocar el tambor es rezar.
Lo importante no es cómo se toca, sino por qué se toca el tambor.

Quizá, entendiendo así el tambor y que sea tan sencillo tocarlo, nos permite que, al cabo de los años, cuando nuestras manos ya no puedan con los palos, se pueda seguir rezando con el tambor sin llevarlo puesto. Únicamente hay que ponerse al lado de la fila de tambores que pasa, sentir su sonido vibrando en nuestro cuerpo. Volverse a mirar el Paso para ver nuevamente, a Cristo caminando por las calles, con su Madre tras Él. Contemplar la Luz de la llama bailando en lo alto de los cirios. Ver los chorretones de cera caer, llorando por todos.

“Se llega al cielo con el tambor”, responde uno cuando se le pregunta el por qué, su sentido, el verdadero significado de tocar un instrumento en Semana Santa. Es un lenguaje que provoca un sentimiento y unas emociones difíciles de explicar o razonar a alguien que nunca las ha sentido. El antiguo y sincero mensaje de amor y fe de un tambor-timbal-bombo, sólo lo puede entender y contestar otro tambor-timbal-bombo.

Qué premio más grande que tantos y tantos jóvenes de nuestros pueblos participen en este tipo de exaltación de costumbres en los próximos días, pero, más importante y más grande es, que sepan reconocer por qué tocan, por quién tocan el tambor.

Desde aquí quiero desear a todos, unas felices Pascuas y que el sentir, el respeto, el silencio por Jesús muerto en la Cruz por todos nosotros y la alegría del Cristo Resucitado, inunde nuestros corazones.

¡¡Feliz Pascua!!

Categorías: Rincón Cofrade

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